Es casi imposible librarse de ella. El azúcar añadido está en muchísimos alimentos y en la mayoría de ellos ni siquiera sospechamos de su existencia.
Un ejemplo: una lata de tomate frito de 300 gramos contiene cuatro cucharaditas de azúcar, una lata de refresco de cola nueve, los cereales de desayuno (incluso esos que se anuncian como ricos en fibra y especiales para dieta) están cargados de este producto, también yogures que se promocionan como 0% en materia grasa, los aperitivos para niños, el ketchup, pan de molde, mermeladas light, el maíz en lata... Lea los ingredientes del jamón de york o de cualquier embutido y, en la mayoría de los casos, encontrará azúcar. Por desgracia también con frecuencia no le dirán cuánta han añadido porque las normas de etiquetado en España siguen siendo laxas y poco exigentes con la industria alimentaria.
El azúcar añadido no tiene ningún valor nutricional, además no provoca sensación de saciedad y nos aporta únicamente calorías vacías, contribuye a la obesidad y puede provocar diabetes aunque no exista sobrepeso.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recomienda un máximo de 50 gramos diarios de azúcar añadida para las mujeres y 70 para los hombres, pero estas cantidades se superan ampliamente si se consumen productos elaborados. El azúcar, como la sal añadida no es necesaria en nuestra dieta puesto que los alimentos que consumimos nos aportan lo necesario.
Este blog pretende ofrecer consejos que permitan mejorar la salud a través de la alimentación
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martes, 4 de marzo de 2014
Azúcar: una adicción peligrosa
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domingo, 17 de febrero de 2013
Calorías vacías
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Los refrescos, bebidas isotónicas, zumos envasados, los alimentos excesivamente azucarados, galletas, bollería industrial y alcohol son los principales 'continentes' de calorías vacías.
Alimentos como las frutas, verduras o lácteos contienen azúcares simples cuyo consumo está justificado porque además nos aportan minerales, vitaminas, fibra o proteínas. El problema surge cuando consumimos azúcares añadidos a determinados alimentos (mermelada, cacaos solubles, azúcar refinado...) que no nos proporcionan nutrientes apenas. Es entonces cuando consumimos calorías vacías. Lo recomendable sería que no constituyeran más del 10% de nuestra alimentación, pero lo cierto es que suponen en torno a un 40%, aumentando de forma importante el riesgo cardiovascular.
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